22 de julio
Hoy habiamos previsto descansar en San Sebastian.
Nos despertamos tarde, desayunamos, hicimos la colada y Javier nos propuso ir a Hondarribia a comer en el restaurante de su amigo Iñaki.
Fuenterrabia me parece uno de los pueblos mas bonitos que conozco, se respira historia, mar, buen gusto... y se come el mejor rodaballo salvaje que puedas imaginarte acompañado de un txacoli excelente en la terraza del Uralde, en una plaza recoleta y transitada por niños a los que les habian prometido chocolate y chucherias.
Antes de que comenzaran los juegos infantiles amenizados por el txistu y el tamboril nos fuimos a Hendaya a tomar un mojito aceptable en una terraza del puerto.
En estas estabamos cuando llama Jaime Masip para invitarnos a cenar en su casa francesa de los pirineos atlanticos. No nos hicimos repetir la invitacion. Compramos ostras y mejillones en una pescaderia limpia y atendida por una pareja gala que hablaba español y en 45 minutos, esta vez en el todoterreno de Javier, llegabamos a la casa de Jaime en un paraje espectacular que recordaba al que veiamos el año pasado desde el pazo de Sta Maria en Arzua cuando caminabamos hacia Santiago.
Cenamos las ostras y los mejillones y la carne a la parrilla que habian preparado Jaime y Carmen y despues de emborracharnos de vino y risa con las anecdotas de Jaime en su subrrealista periplo militar optamos por aceptar la hospitalidad de los anfitriones y nos quedamos a dormir en su mansion escondida de los ruidos.




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